El ishpingo, o Mespilodaphne quixos, es una especie de árbol endémico de la Amazonia ecuatoriana. Su corteza, conocida como “canela ecuatoriana”, tiene un sabor similar al de la canela común, producida a partir de la corteza de un árbol de la misma familia de las lauráceas (a la que también pertenece el laurel). Es una especia utilizada en la cocina ecuatoriana, y que Anquria prueba aquí con su chocolate.
La Hacienda San José procede de una línea de fincas productoras de cacao fundadas en los años 30, durante el boom del cacao en Ecuador. Conocida por sus habas de cacao de alta calidad (¡las mejores del mundo! según el texto de la portada), no fue hasta 90 años después cuando la familia propietaria decidió producir directamente su chocolate.
A estas alturas ya conocen el macambo — ese primo del cacao con el que se puede elaborar un equivalente en chocolate (no tan bueno), pero que también puede añadirse en trozos a una tableta, como un fruto seco. Aquí, Anquria — una marca nueva para mí — lo carameliza previamente, añadiendo un toque de praliné del que no me voy a quejar.
El chocolate de Belly siempre es especial, tanto por su textura granulada como por su sabor único y ligero, a medio camino entre los cítricos, las flores y la mantequilla endulzada. Aquí añadimos unas notas de café. Está presente, pero es sutil: aporta color al chocolate sin apoderarse de él. Para mí, que no soy aficionado al café, es un éxito: disfruto de las notas sin sentirme abrumado, igual que puedo disfrutarlas en un tiramisú. Una variación interesante.